A mediados de agosto de 2024, cerca de Rousínov, en la República Checa, un motorista fue detenido por la policía de autopistas por una infracción muy poco habitual, pero no por ello menos peligrosa: estaba utilizando su smartphone con las dos manos mientras conducía su BMW GS Adventure a gran velocidad. Sí, has leído bien: las dos manos estaban ocupadas por su teléfono, dejando el manillar completamente abandonado. ¡Qué tranquilo el tío!
Pues bien, no sólo se trata de una práctica arriesgada, sino que además demuestra un total desprecio por las normas de seguridad vial. La sanción no se hizo esperar: una multa de entre 2.500 y 3.500 coronas checas (o hasta 139 euros). Y eso no es todo: un procedimiento administrativo podría aumentar la multa a 10.000 coronas (unos 400 euros), con el añadido de la retirada de 4 puntos del carné de conducir.
El uso del teléfono al volante: ¿una lacra que también afecta a los conductores de dos ruedas?
En el mismo vídeo que capta la detención del motorista, otra conductora, con el teléfono al oído, parece completamente indiferente a la presencia de la policía. Sin embargo, es la imagen del motorista la que resulta chocante, y con razón. Este incidente ha reavivado una vez más el debate sobre el uso del teléfono móvil durante la conducción, un grave problema que provoca numerosos accidentes cada año.
En Francia, utilizar el móvil mientras se conduce es también una infracción grave. La ley prohíbe terminantemente utilizar el móvil mientras se conduce, so pena de multa de 135 euros y detracción de 3 puntos del carné de conducir. El uso de auriculares también está prohibido.

Una adicción costosa
La presión social para estar siempre conectado, combinada con la ilusión de poder gestionar varias tareas simultáneamente, lleva a los conductores a asumir riesgos poco meditados. Los psicólogos apuntan a una creciente dependencia de la conexión digital, exacerbada por la necesidad constante de mantenerse en contacto. Hasta hace poco, los motoristas parecían relativamente poco afectados por esta tendencia. No es raro ver un teléfono enganchado al manillar para el GPS, pero muy pocos se arriesgan a utilizar su smartphone mientras conducen.
Entonces, ¿qué se le pasó por la cabeza a este motorista checo para sacrificar el control de su máquina por su teléfono? Es un misterio. Esperemos que este caso filmado por la policía checa siga siendo una excepción y sirva de recordatorio a todos los usuarios de la carretera: ningún mensaje, ninguna notificación vale el precio de una vida. La tecnología puede esperar, pero la carretera no perdona las distracciones.
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